lunes, 13 de mayo de 2013

Literatura y estadística


Una de las novelas más cortas de Dickens, Tiempos Difíciles, publicada en 1854, tuvo un doble propósito: comercial e ideológico. Las ventas del semanario de Dickens, Household Words, venían cayendo. La publicación por capítulos permitió recuperarlas. Otro propósito de la novela era ridiculizar a los utilitaristas, “aquellos que ven números y promedios, y nada más”. Uno de los blancos de sus críticas fue J.S. Mill, caracterizado en la novela por el duro personaje de Louisa Gradgrind, alguien muy analítico, con una formación lógica, matemática y estadística, pero incapaz de sentir compasión. Al igual que Mill, que en su juventud tuvo una crisis nerviosa producida por la rígida rutina a la que su padre lo sometía, Louisa sufre una depresión consecuencia de su dura y árida educación. Es otra víctima del utilitarismo. Su padre, Thomas, un rico comerciante retirado que después ingresa al Parlamento, es un utilitarista que defiende el propio interés y sólo entiende de hechos. Dos de sus hijos se llaman Malthus y Adam Smith.

En la Inglaterra del siglo XIX, la industrialización y el rápido crecimiento de las ciudades redefinieron el escenario criminal. El robo se volvió el delito más común. En Oliver Twist, Charles Dickens muestra cómo la falta de sentido comunitario, la pobreza y el instinto de supervivencia, daban cuenta del crecimiento de los robos. Dickens describe una pandilla de niños, liderada por Fagin para mostrar la valentía y las destrezas de los jóvenes carteristas. En realidad, el agresor típico de la época era un adulto trabajando con otras dos personas. Es probable que Dickens hubiese rejuvenecido la banda de carteristas por mero sensacionalismo. En la misma obra, el novelista muestra que el crimen es una consecuencia inevitable de la estratificación social en Londres. Los robos a las casas eran una preocupación frecuente y pensar en Bill Sikes, el ladrón de carrera asociado con Fagin, planeando y ejecutando un robo en una casa londinense era inmediato. Sin embargo, la mayor parte de los robos de la época se daban en los suburbios y las áreas rurales y eran cometidos casi siempre por sirvientes y personas conocidas de los afectados. De nuevo, el afán por ganar lectores parecía prioritario a la descripción precisa de lo que ocurría. 

Un punto clave de Tiempos Difíciles es la contraposición entre la estadística, las matemáticas y el rigor, por un lado, y la capacidad de compasión o empatía por el otro. Los Gradgrind son fríos, calculadores, sistemáticos, pero incapaces de sentir afecto. No comprenden la miseria humana. Nada más familiar que esa dicotomía. Las estadísticas son siempre duras e inhumanas, como los funcionarios que las manejan y manipulan, o los economistas que las analizan.

La literatura conmueve, despierta la empatía. La estadística condena, es inapelable. Parecería razonable buscar un punto intermedio en el cual la literatura pueda servir para interpretar humanamente las estadísticas, y la estadística permita contrastar las descripciones literarias. Porque cuando los argumentos conmovedores invaden las descripciones y explicaciones de fenómenos sociales sin que las afirmaciones pasen el cedazo de la relevancia, los sugerencias de política que de allí se deriven pueden resultar lamentables.