Una de las novelas más cortas de Dickens,
Tiempos Difíciles, publicada en 1854, tuvo un doble propósito: comercial e
ideológico. Las ventas del semanario de Dickens, Household Words, venían
cayendo. La publicación por capítulos permitió recuperarlas. Otro propósito de
la novela era ridiculizar a los utilitaristas, “aquellos que ven números y
promedios, y nada más”. Uno de los blancos de sus críticas fue J.S. Mill,
caracterizado en la novela por el duro personaje de Louisa Gradgrind, alguien
muy analítico, con una formación lógica, matemática y estadística, pero incapaz
de sentir compasión. Al igual que Mill, que en su juventud tuvo una crisis
nerviosa producida por la rígida rutina a la que su padre lo sometía, Louisa
sufre una depresión consecuencia de su dura y árida educación. Es otra víctima
del utilitarismo. Su padre, Thomas, un rico comerciante retirado que después
ingresa al Parlamento, es un utilitarista que defiende el propio interés y sólo
entiende de hechos. Dos de sus hijos se llaman Malthus y Adam Smith.
En la Inglaterra del siglo XIX, la
industrialización y el rápido crecimiento de las ciudades redefinieron el
escenario criminal. El robo se volvió el delito más común. En Oliver Twist,
Charles Dickens muestra cómo la falta de sentido comunitario, la pobreza y el
instinto de supervivencia, daban cuenta del crecimiento de los robos. Dickens
describe una pandilla de niños, liderada por Fagin para mostrar la valentía y
las destrezas de los jóvenes carteristas. En realidad, el agresor típico de la
época era un adulto trabajando con otras dos personas. Es probable que Dickens
hubiese rejuvenecido la banda de carteristas por mero sensacionalismo. En la
misma obra, el novelista muestra que el crimen es una consecuencia inevitable
de la estratificación social en Londres. Los robos a las casas eran una
preocupación frecuente y pensar en Bill Sikes, el ladrón de carrera asociado
con Fagin, planeando y ejecutando un robo en una casa londinense era inmediato.
Sin embargo, la mayor parte de los robos de la época se daban en los suburbios
y las áreas rurales y eran cometidos casi siempre por sirvientes y personas
conocidas de los afectados. De nuevo, el afán por ganar lectores parecía
prioritario a la descripción precisa de lo que ocurría.
Un punto clave de Tiempos Difíciles es la
contraposición entre la estadística, las matemáticas y el rigor, por un lado, y
la capacidad de compasión o empatía por el otro. Los Gradgrind son fríos,
calculadores, sistemáticos, pero incapaces de sentir afecto. No comprenden la
miseria humana. Nada más familiar que esa dicotomía. Las estadísticas son
siempre duras e inhumanas, como los funcionarios que las manejan y manipulan, o los economistas que las analizan.
La literatura conmueve, despierta la empatía.
La estadística condena, es inapelable. Parecería razonable buscar un punto
intermedio en el cual la literatura pueda servir para interpretar humanamente
las estadísticas, y la estadística permita contrastar las descripciones literarias.
Porque cuando los argumentos conmovedores invaden las descripciones y
explicaciones de fenómenos sociales sin que las afirmaciones pasen el cedazo de
la relevancia, los sugerencias de política que de allí se deriven pueden
resultar lamentables.