jueves, 5 de diciembre de 2013

La Iglesia y el aborto







El principal argumento de la Iglesia para oponerse al aborto es la defensa de la vida que, sostiene, se inicia con la concepción. No siempre fue así.



A la tesis del alma que aparece desde la fecundación, transmitida con la semilla y por lo tanto proveniente de los padres, se opusieron quienes afirmaban que su origen no podía ser terrenal sino divino: el soplo de Dios. En el siglo V la posición oficial de la Iglesia era que la animación –la llegada del alma, el inicio de la vida humana- se daba al cabo de cuarenta días.


Aunque varios concilios entre el siglo IV y el VII agruparon aborto e infanticidio, dejaron claro que la condena al primero no era por la premisa de un alma existente desde la concepción sino por tratarse de acto no procreativo.

San Agustín sostenía que una mujer que aborta es culpable no de homicidio sino de perversión. La oposición al aborto en los primeros cristianos fue un componente más de la condena a la sexualidad, cualquiera de cuyas manifestaciones -desde la contracepción, el aborto, el divorcio, el adulterio hasta el uso de joyas o maquillaje- se consideraba pecaminosa. El propósito era combatir la lujuria, hacer del sexo el símbolo de la diferencia entre cristianos y paganos y tener un indicador inconfundible de moralidad individual. Solteros y casados, ricos y pobres debían tener como denominador común moral la capacidad de controlar sus impulsos sexuales.

El sexo era la vía infalible para caer en desgracia y el preludio del desorden. San Agustín argumentaba que la impotencia, la frigidez, las erecciones estaban por fuera del control de la voluntad y eran prueba fehaciente de la debilidad humana ante la carne. El problema no era la copulación en sí sino los excesos que la acompañaban. Los esfuerzos conscientes por evitar la concepción era síntoma de concupiscencia. El aborto y la contracepción se equiparaban pues para ambos se utilizaban las mismas hierbas y medicinas. Además, cualquier impedimento a la procreación se asociaba con la prostitución, el adulterio y la fornicación.

En 1588, el Papa Sixto V asimiló por primera vez el aborto a un homicidio sin depender del momento de la gestación y le aplicó la excomunión. Se plantea que fue una respuesta al incremento tanto de los abortos como de la prostitución en Roma. Su sucesor Gregorio XIV volvió al régimen anterior penalizando la interrupción del embarazo sólo después de la animación.  

En Francia pre revolucionaria, un país muy cristiano, los médicos utilizaban todo tipo de analogías vegetales o animales para refererirse al embrión. Primero un gran fríjol o grano de trigo; luego una larva, renacuajo, o pollo. Así, ponerle fin a un embarazo antes de la animación no era un aborto, mucho menos un crimen, sino una simple medida contraceptiva.

En el siglo XVIII Inocencio XI confirma que la condena del aborto es independiente de las controversias sobre el momento de aparición del alma. Sólo a finales del siglo XIX el papado favorece la tesis de la animación inmediata. Varias encíclicas reiteran la prohibición absoluta del aborto pero en Humanae Vitae, de 1968, esta conducta todavía aparece en el mismo plano que la contracepción artificial y la esterilización como una “vía ilícita para la regulación de los nacimientos”. Es bajo Juan Pablo II, en el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992 que se estipula que “puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente como todo ser humano”. En Evangelium Vitae, de 1995, se señala que a los homicidios, los genocidios y las guerras se suman “nuevas amenazas a la vida humana” como “el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario”.

REFERENCIAS


McLaren, Angus (1992). A History of Contraception. From Antiquity to the Present Day. Oxford: Blackwell


Morel, Marie-France (2002). “Histoire de l’avortement”. Réalités en gynécologie obstétrique n° 76, décembre 2002, p. 51-53. Versión digital


Bula de Sixto V:

Brind'Amour, Katherine (sf). “Effraenatam”. The Embryo Project Encyclopedia



jueves, 14 de noviembre de 2013

La lucha por el aborto en Portugal


A principios del 2002 en Maia, pequeña ciudad cerca de Oporto, 43 personas fueron denunciadas por aborto y se inició un proceso judicial contra ellas.

La principal acusada era una partera que desde los años ochenta habría practicado un centenar de abortos. Fue condenada a 8 años de prisión. Entre las 17 mujeres acusadas de interrumpir su embarazo sólo dos confesaron. Para una la pena fue de cuatro meses. Para la otra el caso ya había prescrito. La mujer condenada era una madre soltera y desempleada de 20 años.

Dos años después, en Aveiro, siete mujeres, sus parejos, un médico y otros participantes fueron acusados de aborto ilegal. Como en el caso de Maia, se trataba de personas de escasos recursos económicos. Era usual en esa época que las mujeres que podían pagarse el viaje fueran a España a interrumpir sus embarazos. En pocas semanas todas fueron absueltas por la justicia. La sentencia fue después revocada en segunda instancia, el médico condenado a 44 meses de prisión y tres de las mujeres a seis meses.

En el 2004 el gobierno conservador declara que el barco holandés de Women on Waves (WoW) atenta contra la seguridad y la salud públicas y no lo deja anclar en ningún puerto. En aguas internacionales, en ese barco se practicaban abortos farmacológicos autorizados por la legislción holandesa. En tierra, las mujeres de WoW aconsejaban e informaban.

La ley portuguesa sobre el aborto, vigente desde 1984, se basaba en el sistema de supuestos, similar al de España entre 1985 y 2010 y al de Colombia desde el 2006 pero se aplicaba de manera restrictiva, con base en indicaciones médicas.

Con el proceso de Aveiro se reavivó el debate. Una solicitud  respaldada por 121.000 mil firmas fue presentada al Parlamento para convocar un referendo a favor del sistema de plazos. Por primera vez algunos miembros del partido conservador de gobierno se mostraron a favor de suavizar la ley vigente. El obispo de Oporto declaró que criminalizar el aborto no era una solución al problema, que tocaba mejorar las condiciones de vida de las familias pobres.

En 1998 la adopción del sistema de plazos había sido rechazada en un referendo con el 50% de los votos y una abstención del 68%. Pero en esta oportunidad las perspectivas eran mejores. Los sondeso indicaban que cerca del 80% apoyaba la despenalización.

En Marzo de 2004, Por una estrecha mayoría la Asamblea Nacional rechaza la discusión de un proyecto para adoptar el sistema de plazos y también la propuesta de someter la cuestión a votación popular. 

Un año después, con la victoria de los socialistas, el primer ministro Jose Socrates promete someter al veredicto popular una proposición para adoptar el sistema de plazos. El parlamento aprueba la decisión del referendo. El veredicto de segunda instancia del proceso de Alveiro reaviva el debate. Los sectores pro-aborto (comunistas, sindicatos, movimientos feministas) le piden al parlamento legislar sin someterse al referendo.

En Febrero de 2007, con un 60% de los votos, los portugueses aprueban en un referendo la adopción de un régimen de plazos. Puesto que la participación no alcanzó el 50% el parlamento no está obligado a legislar, pero de todas maneras lo hace y ratifca el abandono del sistema restrictivo. El Tribunal Constitucional confirma la decisión y la ley entra en vigor en Julio del mismo año.

Es sin duda más largo y laborioso, pero definitivamente más sólido cuando los magistrados constitucionales no legislan para casos excepcionales sino que respaldan las decisiones parlamentarias endosadas por el voto popular sobre el derecho de las mujeres a decidir, sin necesidad de intermediarios, si interrumpen su embarazo durante las primeras semanas.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Amamantar a los colegas, y a los amigos del esposo


HTTP://ISLAM.FAQ.FREE.FR/ISLAM/FATWA-TETEE.HTM

FATWA DE LA TÉTÉE


http://www.mediarabe.info/spip.php?article962

Des salafistes algériens l’imposent à leurs épouses

Algérie : la fatwa sur « l’allaitement des grands » fait des adeptes


lunes, 13 de mayo de 2013

Literatura y estadística


Una de las novelas más cortas de Dickens, Tiempos Difíciles, publicada en 1854, tuvo un doble propósito: comercial e ideológico. Las ventas del semanario de Dickens, Household Words, venían cayendo. La publicación por capítulos permitió recuperarlas. Otro propósito de la novela era ridiculizar a los utilitaristas, “aquellos que ven números y promedios, y nada más”. Uno de los blancos de sus críticas fue J.S. Mill, caracterizado en la novela por el duro personaje de Louisa Gradgrind, alguien muy analítico, con una formación lógica, matemática y estadística, pero incapaz de sentir compasión. Al igual que Mill, que en su juventud tuvo una crisis nerviosa producida por la rígida rutina a la que su padre lo sometía, Louisa sufre una depresión consecuencia de su dura y árida educación. Es otra víctima del utilitarismo. Su padre, Thomas, un rico comerciante retirado que después ingresa al Parlamento, es un utilitarista que defiende el propio interés y sólo entiende de hechos. Dos de sus hijos se llaman Malthus y Adam Smith.

En la Inglaterra del siglo XIX, la industrialización y el rápido crecimiento de las ciudades redefinieron el escenario criminal. El robo se volvió el delito más común. En Oliver Twist, Charles Dickens muestra cómo la falta de sentido comunitario, la pobreza y el instinto de supervivencia, daban cuenta del crecimiento de los robos. Dickens describe una pandilla de niños, liderada por Fagin para mostrar la valentía y las destrezas de los jóvenes carteristas. En realidad, el agresor típico de la época era un adulto trabajando con otras dos personas. Es probable que Dickens hubiese rejuvenecido la banda de carteristas por mero sensacionalismo. En la misma obra, el novelista muestra que el crimen es una consecuencia inevitable de la estratificación social en Londres. Los robos a las casas eran una preocupación frecuente y pensar en Bill Sikes, el ladrón de carrera asociado con Fagin, planeando y ejecutando un robo en una casa londinense era inmediato. Sin embargo, la mayor parte de los robos de la época se daban en los suburbios y las áreas rurales y eran cometidos casi siempre por sirvientes y personas conocidas de los afectados. De nuevo, el afán por ganar lectores parecía prioritario a la descripción precisa de lo que ocurría. 

Un punto clave de Tiempos Difíciles es la contraposición entre la estadística, las matemáticas y el rigor, por un lado, y la capacidad de compasión o empatía por el otro. Los Gradgrind son fríos, calculadores, sistemáticos, pero incapaces de sentir afecto. No comprenden la miseria humana. Nada más familiar que esa dicotomía. Las estadísticas son siempre duras e inhumanas, como los funcionarios que las manejan y manipulan, o los economistas que las analizan.

La literatura conmueve, despierta la empatía. La estadística condena, es inapelable. Parecería razonable buscar un punto intermedio en el cual la literatura pueda servir para interpretar humanamente las estadísticas, y la estadística permita contrastar las descripciones literarias. Porque cuando los argumentos conmovedores invaden las descripciones y explicaciones de fenómenos sociales sin que las afirmaciones pasen el cedazo de la relevancia, los sugerencias de política que de allí se deriven pueden resultar lamentables.

domingo, 17 de febrero de 2013

Del software artesanal al de expertos




Para una evaluación de la reforma judicial entrevisté un grupo de jueces guatemaltecos. Discutiendo sobre el software de manejo de expedientes hecho por una firma extranjera -en este caso colombiana- una jueza anotó desprevenida: “Willy Perfect funcionaba mejor”. Ante un comentario y un nombre tan sugestivos, quise escarbar.

Años antes de que, a finales de los 80, los expertos contratados para un gran proyecto llegaran a Guatemala, Willy Ochoa, un secretario de juzgado aficionado a los microcomputadores, había desarrollado unos macros en Word Perfect para agilizar su trabajo cotidiano. Esta herramienta, que se popularizó como Willy Perfect, fue adoptada y adaptada por sus compañeros de despacho con algunos jueces precursores en el uso de computadores. Era el ejemplo típico de arquitectura abierta para el desarrollo de software. Cada usuario acomodaba el programa a sus requerimientos precisos de información y hacía sugerencias, o introducía cambios. Willy, laborando los fines de semana, hacía los ajustes necesarios para que las innovaciones, y la información, se compartieran entre usuarios.

Cuando empezó el proyecto que contemplaba el desarrollo de un software sofisticadísimo, Willy pretendió colaborar con el equipo extranjero, pero no como programador pues “el nivel de mi trabajo era muy de primera generación”. Fue como “conocedor de la idiosincrasia local” que se ofreció para las pruebas piloto, pero ni siquiera así fue tenido en cuenta por los expertos. Al final del proyecto, tras una inversión enorme, algunos jueces se negaban a utilizar la nueva plataforma. Les preocupaba, sobre todo, la migración de datos al nuevo sistema, algo que nunca afanó a unos consultores alérgicos a la tecnología artesanal. Ante la terquedad de una jueza que amenazó con seguir usando el viejo programa si no le exportaban sus archivos, el mismo Willy tuvo que hacerlo. “Fueron crueles conmigo, pues vinieron a pedirme que le diera el golpe mortal a mi propio programa”.

La versión colombiana de esta historia es difícil de rastrear, pero parecería que el núcleo del programa que se usa en los juzgados fue originalmente un conjunto de macros desarrollados por un juez de Itagüí. Esta sospecha ha sido oficial y enfáticamente rechazada. Lo cierto es que a pesar de los ingentes recursos invertidos en desarrollos tecnológicos, la información y las estadísticas judiciales de Colombia funcionaban mejor por la época en que Willy Ochoa programó los macros de su procesador de palabras. A estas alturas, el retoño de algún software artesanal y descentralizado ya permitiría colgar todas las sentencias, incluso las de tutela, en la red y en la nube.