jueves, 23 de enero de 2014

El forcejeo sobre el aborto en España








A finales del año anterior el gobierno español presentó el anteproyecto de una ley que de aprobarse reducirá drásticamente la posibilidad de interrumpir legalmente un embarazo.

Con esta última escaramuza entre el Partido Popular (PP) y los socialistas se eliminaría el llamado “sistema de plazos”, vigente desde 2010, que ponía en cabeza de la mujer la decisión durante las primeras semanas, para volver al “sistema de supuestos”, más restrictivo, en el que se definen unas condiciones excepcionales bajo las cuales la interrupción deja de estar penalizada, como ocurre en Colombia.

Hasta 1985 el aborto estuvo totalmente prohibido en España. Ese año el gobierno socialista aprobó una ley que lo despenalizó parcialmente en tres situaciones específicas, las mismas de la famosa sentencia C-355 de la Corte Constitucional colombiana: “grave peligro para la mujer embarazada … una violación y … que el feto (pueda) nacer con graves taras”.

La ley fue criticada tanto por la derecha como por los grupos más progresistas, para quienes el texto no tenía en cuenta la decisión de la mujer. En 1987 una organización cercana al Opus Dei presentó una querella criminal contra unas ginecólogas por el aborto de una mujer que había recibido radiaciones, alegando que no eran suficientes para que el caso entrara dentro de los supuestos. Temerosos de demandas similares los hospitales no se arriesgaron a practicar abortos y muchos médicos se declararon objetores de conciencia. Surgieron entonces centros especializados que adoptaron una “interpretación amplia del supuesto de peligro para la salud psíquica de la embarazada”.

A pesar de las restrictivas condiciones legales, la práctica se hizo común y el número de interrupciones se sextuplicó en dos décadas. Para atenderlas se consolidó un subsector dedicado a la operación. Pero los cimientos eran frágiles. Casi la totalidad de las intervenciones se hicieron aduciendo riesgos para la salud psíquica materna, certificados por médicos de los mismos centros privados dedicados al aborto. Los opositores siempre señalaron que se trataba de una coladera. La presidenta de una asociación de psiquiatras confirma ahora que “la interrupción del embarazo es una cuestión que no tiene nada que ver con la salud mental”.

En el 2010 los socialistas enmendaron la legislación para “reforzar la seguridad jurídica” y adecuarla “al consenso de la comunidad internacional” introduciendo el sistema de plazos. De manera provocadora, sobre unas bases débiles posibilitaron que jóvenes de 16 años abortaran sin el consentimiento de sus padres. Ese mismo año el PP presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional en las mismas líneas de la nueva propuesta de ley.

Los 25 años de prácticas liberales amañadas a un marco legal restringido no lograron consolidar el aborto como un derecho de las españolas, siempre dependientes de intermediarios interesados que poco contribuyeron a legitimar esa delicada decisión personal. Es probable que el retorcido esquema haya contribuído al rezago en técnicas abortivas: en España los métodos farmacológicos siguen siendo excepcionales.

El caso español ilustra los problemas de la legalización cuando no se busca de frente sino por las ramas, como está ocurriendo en Colombia. Una crítica muy lúcida al sistema de supuestos la hizo Simone Veil cuando en 1974 defendió ante la Asamblea Nacional el proyecto de ley francés, señalando sus “contradicciones insalvables”. Si las condiciones se definen de manera precisa y se respetan, la nueva legislación será casi irrelevante pues la proporción de esos abortos es muy baja. Pero si se toleran grietas no se ganará legitimidad. Así, es “preferible enfrentarse a la realidad y reconocer que en última instancia la decisión final sólo puede ser tomada por la mujer”.

Acertó la entonces Ministra de Salud reconociendo “un profundo sentimiento de humildad ante la dificultad del problema” y haciendo explícito que el objetivo final del gobierno legalizando el aborto era desincentivarlo. “Si (se) admite la posibilidad de interrupción de un embarazo, es para controlarla y, en la medida de lo posible, disuadir … Una mujer sobre quien recae toda la responsabilidad de una acción tendrá más dudas para tomarla que aquella que siente que la decisión ha sido tomada por otros”.



REFERENCIAS


Sevillano, Elena (2010). “España, a la cola europea en aborto farmacológico”. El País, Nov 23 de 2010

miércoles, 22 de enero de 2014

La visitadora venezolana a las FARC



Marta Prats, una escort catalana cuenta en su blog la aventura de una venezolana  “amiguita” suya con varias colegas a un campamento de las FARC en el 2002. En ese momento era muy joven, con sólo 19 añitos. Luego de un viaje de tres días, atravesando la frontera, llegan al lugar donde se realiza una primera selección. “A las que no cumplen los requisitos de belleza se las devuelve a su casa previo pago de unos 300 euros actuales. Las demás siguen el camino en unos pequeños camiones con techo de lona que traquetrean por caminos llenos de fango, con un calor insoportable, subiendo y cruzando montañas, adentrándose poco a poco en la selva”.

Llegan a una aldea en donde las recibe un médico ginecólogo para un día entero de chequeos y pruebas del VIH. Nuevamente, las que no pasan el filtro las devuelven. “Piensa a veces en esos tremendos guerrilleros, tiene miedo de que la violen, de que la maten”, comienza a oírse por la noche el fuego cruzado de ambos bandos”. Llegan por fin al campamento, en un claro de la selva no muy grande. “Solo hay barracones de madera, chamizos de hojas de palma y nada más. Para trabajar disponen de unas pequeñas chozas. Hay un guerrillero que es el que controla a los hombres que vuelven cansados de luchar y que disponen de algún día de asueto … Los hombres hacen fila delante de la puerta de cada una de ellas, disponen solo de 20 minutos. Les dan preservativos, vienen lavados de un rio cercano”.

La amiguita le comenta que “hace rayitas en una libreta para ir controlando cuantos hombres han pasado. El guardia también controla y lo hace bien. Al que se pasa, un tiro. Hubo uno que se quitó el preservativo, la chica grito y el guardia sin mediar palabra lo tiroteó en el pié. No hubo más, los demás se comportaron”.

Sólo al final del mes, cuando se vayan, recibirán todo el dinero de las cuentas que llevan en la libreta, unos 10 euros por cada servicio. No es mucho pero para lo que se ofrece no está tan mal. “Es un sexo sencillo y rápido. Allí solo se folla, ni cunnilingus ni besos. Allí los machos nunca besan a una prostituta. Allí los hombres son sencillos, cobran y quieren diversión”.  Cuando un guerrillero se encapricha de una de ellas, le solicita dormir toda la noche, y las chicas se ponen contentas porque ganan más y follan menos.

A los pocos días ya se siente la rutina.  “Lo peor es la comida, un mismo rancho que comparten todos, cocinan lo que pueden, no hay carne, ni arroz, ni fruta. Me dice que a veces traen y cocinan serpientes, que como es carne todos se lanzan a disfrutarla y comerla. Es una pequeña fiesta”.

Transcurrido un mes el retorno se hace difícil pues el ejército está cerca.  “Se oye fuego cruzado, tiros, granadas, no hay paso para ellas y hay menos trabajo”. A las chicas les empiezan las dudas sobre la posibilidad de cobrar por su trabajo. Por fortuna para la amiguita, le ha gustado a un guerrillero “viejito, uno de los duros, un histórico, hombre culto, militar que dejó el ejército y se unió a las Farc”. Consigue que le paguen pero sigue preocupada pues teme que la capture el ejército colombiano y le encuentre los fajos de billetes. Su amigo le hace esconder el dinero dentro de sus botas altas.

Cuando la llegada del ejército al campamento se hace inminente el comandante se la lleva con sus guardaespaldas a su finca a uno tres días en carro desde el campamento. Llegan de noche a “una finca inmensa en medio de zonas de pastoreo de mucho ganado, cuadras con caballos, cerdos, cabras, gallinas, cultivos de frutales, yuca, maíz. Una casa con habitaciones de suelo de mármol, baños, jacuzzi… Tras un mes en la selva… no se lo cree! Pasan allí un mes los dos juntos. Disfrutan de la vida”.



lunes, 20 de enero de 2014

Acompañantes de guerreros y soldaderas


Las cortes errantes medievales, con sus guerreros y servidores, eran seguidas por una gran cantidad de mujeres extranjeras “atraídas por la codicia y el libertinaje”. Se acuñó entonces -para ellas y sus amantes transitorios que vivían de la prostitución, el robo, el juego y las limosnas- el término de ribauds. Estas “turbas degradadas” crecieron considerablemente con las cruzadas y su desorden era tal que se hizo necesaria una autoridad especial y permanente para mantener un mínimo de compostura.

Felipe II (1165-1223) logró sacarles provecho organizándolas militarmente. Continuaron con los desafueros, reclutando mujeres a su paso pero, a cambio, el rey se libró de su control cotidiano y, además, aprovechaba ocasionalmente su valentía y audacia como cuerpo élite de batalla. Las puso bajo la dirección de un alto oficial de la corte, que empezó a ser conocido como el roi des ribauds, algo como el rey de la chusma. Este antiguo oficial, precedido de gran prestigio y respeto, contaba siempre con un carcelero y un verdugo para los juicios sumarios y la imposición de multas. El cargo se volvió bastante lucrativo pues además de la justicia penal privada se encargaba  de cobrarle impuestos a las tabernas y a las mujeres públicas.

Por la misma época, en la china de la dinastía Song, los campamentos militares estaban siempre rodeados de burdeles, una tradición de varios siglos, desde el período de Primaveras y Otoños (722–479 a.c.) cuando el rey Goujian de Yue usó prostitutas para mantener el ánimo de sus soldados. No se trataba de profesionales del sexo sino de mujeres capturadas con el propósito de servir al ejército.

soldaderas

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/09/14/actualidad/1379158714_684648.html


Yihad sexual de las mujeres en Siria

http://www.kapitalis.com/societe/17848-1-000-tunisiennes-vouees-au-jihad-nikah-dans-les-camps-d-edleb-en-syrie.html

1.000 Tunisiennes vouées au jihad nikah dans les camps d’Edleb en Syrie


jueves, 16 de enero de 2014

Vigilando y protegiendo prostitutas



Desde la década de los ochenta, Belleville es el barrio parisino que concentra la mayor comunidad china. Inicialmente, estos inmigrantes provenían del sur de su país, en donde eran considerados campesinos y atrasados por la gente del norte, una región  más industrializada. En Paris lograron una buena situación económica.

Liaoning, al noreste de la China, fue por décadas una de las regiones más prósperas gracias a una industria que empleaba bastante mano de obra femenina. Desde hace varios años empezaron a cerrarse empresas y las mujeres fueron las primeras en perder sus empleos. 

Obligadas a ocuparse de sus hijos y familiares de avanzada edad, muchas piensan que en el extranjero hay mejores oportunidades, se endeudan con familiares o amigos, le pagan a una agencia el trámite de una visa y emigran. En las redes informales Francia tiene reputación de buen país receptor, con amplias oportunidades laborales, especialmente haciendo aseo, cuidando niños o en los talleres de confección. Sólo al llegar a Paris caen en cuenta de que se trata de un mito. En ese momento les recomiendan pedir asilo porque, sin un empleo, no les será fácil obtener el permiso de trabajo. 

Lo único que consiguen es cuidar niños, ser nounous. Las condiciones de trabajo son variables, la rotación es alta, dependen de la suerte para encontrar buenos patrones pero, tratándose de un mercado negro, las posibilidades de sobre explotación son altas. Las discrepancias de clase y la discriminación de su país se replican en la capital francesa pero invertidas y la acogida que tienen estas mujeres en la comunidad china establecida es precaria. Sin papeles, con escaso dominio del idioma, la mayoría cuarentonas o más, sin posibilidades de empleo, pocos contactos útiles y, más que endeudadas, con la obligación de mandar dinero a sus familias y volver con ahorros, no tienen muchas opciones distintas a la de prostituirse. Son las redes de mujeres, todas de la misma región, las que les señalan esa posibilidad. 

Su entrada al sexo venal es sin proxenetas y pueden mandar buena parte de los ingresos a sus familias. El costo que asumen es una mayor inseguridad física en el oficio y, con pocas nociones de salud sexual, alto riesgo de enfermedades. Según la ONG “Médicos del Mundo” que se ha especializado en atenderlas en el Lotus Bus, uno de los principales riesgos que enfrentan estas mujeres, textualmente venidas a menos, es con la policía parisina. Desde que en el año 2003 la ley francesa prohibió el racolage (ofrecerse por dinero en la calle) aún pasivo la presión y el acoso sobre la prostitución callejera es permanente. La policía las detiene y requisa incluso cuando no están trabajando. Lo más deplorable es que tener preservativos en la cartera se convirtió en un indicio de infracción a la ley y por lo tanto en algo poco recomendable. Ese incentivo perverso sumado a la inexperiencia de estas señoras para el sexo con extraños aumenta su riesgo. El temor a ser acusadas de racolage hace que esperen a sus clientes en los lugares más oscuros y desprotegidos y que se suban a los vehículos sin ser selectivas, lo que aumenta su vulnerabilidad. El círculo vicioso se cierra porque, sin papeles, rara vez se atreven a denunciar los ataques que sufren. Deben protegerse entre ellas. “Si un hombre en particular ha causado problemas, tratamos de advertirles a las demás … Si una de entre nosotras se ausenta por mucho tiempo, tratamos de contactarla”. 

Los abusos de una policía bien educada, entrenada y supervisada como la francesa no se iniciaron con la ley que de hecho prohibió la prostitución callejera hace una década. Así lo sugiere el testimonio de Clara, una tradicional con unos cincuenta años por la época en que lo único ilegal era el proxenestismo. Un fin de semana cualquiera se paseaba con su hijo mayor y se cruzó con un agente que con frecuencia la veía haciendo el trottoir. Una semana más tarde el mismo policía la interpeló, esta vez en su lugar de trabajo. 
- Entonces, estamos estrenando julot (rufián) 
- No, es mi hijo, y es estudiante
- Le pagas los estudios con dinero sucio, puedo hacerlo caer por proxenetismo 

No es un caso aislado. Una queja común de las prostitutas francesas es que no pueden tener novios o amantes permanentes que vivan con ellas por temor a que la policía las acuse de mantenerlos y los persiga penalmente. Por la misma razón, como le sucedió a Clara, les parece problemático cuando sus hijos alcanzan la mayoría de edad. 

La posibilidad de abuso policial sobre las prostitutas es directamente proporcional a la ilegalidad del oficio, que también determina el acceso a las instancias que las podrían proteger. En la China, donde está prohibida la prostitución, un infractora cuenta que “entrábamos al hotel por la puerta trasera  y también salíamos por la puerta trasera … Es muy peligroso cuando llega la policía. Algunas veces cuando estábamos con clientes arriba, oíamos las sirenas de los carros de policía y quedábamos tan asustadas que algunas saltaban desde las ventanas o corrían por los tejados. Si nos arrestaban, nos abusaban. Si el empleador pagaba por sacarnos, teníamos que trabajar más para pagar la deuda”. 

La irrupción de la mafia en el mercado del sexo cuando la ley lo ignora no es un problema de sociedades subdesarrolladas. Hasta 1956 el comercio sexual fue legal en Japón y ya había buenas relaciones entre los dueños de los burdeles y la policía. Eran comunes las atenciones gratuitas a oficiales claves. Desde que se aprobó la Ley de Prevención de la Prostitución que la circunscribió a un “coito que se paga” surgió una amplia gama de servicios paralelos que no entran en la definición: masajes, jaboneras, centros de moda y salud, y hasta burdeles con licencia para vender comida y bebida. Por eso se dice que la ley es kahogo (jaula de bambú), que está llena de huecos. La yakuza, poderosa mafia japonesa, se apoderó de dos segmentos claves del negocio. La prostitución callejera y los clubes de citas, un intermediario telefónico que pone en contacto al cliente con la mujer e indica el hotel donde se pueden encontrar. En los clubes, la tarea de los mafiosos es manejar a los usuarios mala paga y disciplinar a las mujeres desobedientes. En la calle, a estas dos labores se suma la regularización de inmigrantes ilegales o el reclutamiento por parte de sus asociados extranjeros. 

También en los EEUU hay evidencia de incidentes policiales picantes. “En más de una ocasión, vice officers de Lynwood, Washington, hicieron que las prostitutas los masturbaran antes de arrestarlas”. En el 2001, agentes de policía de Pensilvania, “recibieron sexo oral de una masajista antes de clausurar su establecimiento”. Argumentaron que ese lip service era necesario para recoger evidencia que permitiera su arresto. “Por lo menos durante una década, vice cops en Louisville, Kentucky, tuvieron  relaciones sexuales con mujeres en las salas de masajes antes de arrestarlas”. El comandante se justificó diciendo que las mujeres se habían vuelto tan astutas para detectar agentes encubiertos que iniciaban las relaciones para ver si retrocedían. En un condado de Virginia, para disminuír los daños colaterales, se decidió que sólo los oficiales solteros debían participar en las redadas a los salones de masajes. 

La atracción de la policía por la prostitución no es sólo carnal, la inteligencia también ha jugado un papel. Desde su creación a finales del siglo XVIII la police des moeurs francesa ha sido imitada no tanto por su capacidad para controlar la prostitución sino para utilizarla como fuente de información. Quien sabe cual podría ser actualmente el interés de los servicios de inteligencia franceses en unas señoras chinas obsesionadas por volver a su tierra cuanto antes y cuyos clientes deben ser en su mayoría inmigrantes ilegales sin mayor idea de dónde ponen las garzas.  


martes, 14 de enero de 2014

Mona Lisa, el inmigrante y su prostituta



Un lunes de Agosto de 1911 la Gioconda desapareció de su lugar en el Louvre sin que nadie entendiera lo que había ocurrido. La vigilancia sobre las obras de arte era precaria y casi inexistente en verano. Además, Mona Lisa era menos valorada y conocida que hoy. Tanto que el Washington Post ilustró la noticia con un cuadro diferente al de Da Vinci.

Las primeras pistas sobre el robo fueron el marco del cuadro y el vidrio que lo protegía abandonados en una escalera de servicio. Una impresionante brigada policial se organizó para localizar la obra. La lista de posibles responsables del rapto fue variada. Se sospechó de los alemanes, de algún millonario norteamericano y hasta de un pasajero del Titanic. Se pensó en un coleccionista loco o en un admirador obsesionado. Pablo Picasso y Guillaume Apolinaire fueron interrogados. El pintor por haber utilizado para sus Señoritas de Avignon unos fragmentos de esculturas africanas robadas y el poeta, detenido por una semana, por haberle presentado al vendedor de esas piezas.

La pesquisa contó con la punta del conocimiento criminalístico. Alphonse Bertillon acababa  de poner al día la técnica de las huellas dactilares y pudo levantar las que quedaron en el vidrio protector. Las comparó sin éxito con las de todas las personas que tuvieron acceso al museo ese día. También convocó a los trabajadores de una empresa que realizaba trabajos de mantenimiento. El único que no atendió la citación fue Vincenzo Peruggia, un inmigrante italiano que dos años después confesaría el robo. El comisario de policía lo visitó en su pequeño apartamento, le hizo algunas preguntas, pero su perfil era tan distinto al autor imaginado por el público y las autoridades, que ni siquiera cotejó sus huellas dactilares y mucho menos sospechó que allí mismo estaba escondido el tesoro.

En Enero de 1913 Peruggia logró sacar a la Mona Lisa en un baúl de doble fondo para devolverla a su país. Desde París le había escrito a un galerista que contactó al llegar a Florencia. Le pidió una recompensa por su patriótico gesto y esperó en su hotel a que el eventual comprador, acompañado del director de los Uffizi, hiciera examinar la obra. En cuanto se confirmó su autenticidad la policía detuvo a Peruggia, que esperaba una medalla y no entendía la ingratitud de las autoridades.

Sobre las motivaciones del robo ha habido varias hipótesis. La familia y su abogado sostenían que actuó sólo con una mezcla de patriotismo y deseo de venganza por el maltrato que, como inmigrante, había recibido de los franceses. Una película alemana de 1931 habla del amor de Peruggia por Mathilde, una muchacha del servicio cuyo parecido con la Gioconda era tal que lo empujó a robarla para impresionarla. Al descubrir que le era infiel, el italiano había decidido devolver el cuadro a su país.

Por décadas sobrevivió la historia de un estafador argentino, Eduardo de Valfierno, como autor intelectual. Habría tentado a Peruggia con una jugosa recompensa y justificado el robo contándole que era parte del botín que Napoleón había sacado de Italia. Valfierno le habría dicho al italiano que mantuviera escondido el cuadro mientras él encontraba un comprador para en realidad ofrecerle y venderle a coleccionistas americanos copias realizadas por un pintor cómplice. Jérôme Coignard, experto francés en el robo, afirma no haber encontrado trazas creíbles del argentino pero comparte el escenario de un estafador como cerebro de la operación, en este caso el alemán Otto Rosemberg, activo mercader de arte en esa época. Art Lover, obra de teatro de Jules Tasca, retoma la influencia de Mathilde, una ex prostituta, para armar un triángulo amoroso con Vincenzo y la Gioconda.

Un documental reciente de Joe Medeiros, quien lleva treinta años obsesionado con la historia, corrobora el resentimiento con Francia y sus autoridades, reforzado con dos antecedentes judiciales: una falsa acusación por intento de robo y una condena por porte de armas y situación irregular como extranjero a raiz de un confuso incidente con Abeille Kauffman, una prostituta.

La experiencia laboral también es pertinente. Pintor de brocha gorda desde su adolescencia, cuando las pinturas se preparaban con plomo, Peruggia sufrió saturnismo severo. Hoy se sabe que la excesiva exposición al plomo puede afectar ciertas partes del cerebro, sobre todo el cortex prefrontal. El vínculo entre estas alteraciones y los comportamientos violentos o impulsivos está relativamente bien establecido. 

En los archivos del juicio hay cartas de Peruggia a su familia en las que menciona la fortuna que le llegará de un momento a otro. También hay pruebas de un viaje a Londres para visitar un mercader de arte. Otro indicio de su búsqueda infructuosa por colocar el cuadro es habérselo dejado por seis semanas a un compatriota y amigo de parranda de apellido Lancellotti.

Basado en el testimonio de Mathilde ante la policía, Madeiros la describe como una humilde joven alsaciana que Peruggia conoció por el trabajo, que fue su amante y futura esposa hasta que ella lo abandonó al descubrirle cartas de otras mujeres. Un periódico de la época tiene otra historia. Mathilde estaba en un parque con Giulio Bonario, un vividor italiano, y se encontraron con Peruggia.  Cenaron y fueron a un salón de baile en dónde, tras una discusión, Bonario le dio una puñalada a la joven. Peruggia la levantó para llevarla, no a un hospital, sino a donde una italiana del barrio que la atendió por tres semanas hasta que se recuperó. “La mujer herida se convirtió en su amante preferida. Él la mostraba orgullosamente a sus amigos” concluye el Petit Parisien. Un biógrafo de Peruggia anota que con Lancellotti “frecuentaban las mismas mujeres”, claro eufemismo para indicar que, como músicos de sitios nocturnos, andaban con prostitutas. 

El affaire con Mathilde exige un escenario más verosímil que el de Madeiros cuyo punto más débil es la joven provinciana que de buenas a primeras se convierte en amante asidua de un pobre inmigrante al que, además, abandona por tener demasiadas mujeres. La miseria sexual era crítica en una época en que la virginidad, crucial en provincia, estaba reforzada con la regla informal de no relacionarse afectivamente con gente de fuera de la región. La única vía para romper los estrictos protocolos matrimoniales era la prostitución, realmente el único milieu en dónde, de las cocottes para abajo, había liberación sexual. 

Es más convincente la propuesta teatral de Tasca de la prostituta rescatada por el inmigrante. El triángulo amoroso entre Vincenzo, Mathilde y la Gioconda hubiera dado en el clavo sobre la esencia de la fallida relación entre el inmigrante y su amante, si el dramaturgo no lo hibiera contaminado con sus lecturas contemporáneas sobre el dilema de la madona y la puta. Son por lo tanto indispensables un par de conjeturas. Para Mathilde, la puñalada de Bonario habría sido la gota que rebosó la copa sobre los riesgos del oficio y el gesto de Peruggia al encargarse de curarla un primer paso cautivador. Tras la convalecencia, el inmigrante habría tenido que seducirla a crédito, asegurándole –como hizo con sus padres- que pronto iba a coronar. Es imposible creer que, como le dijo a las autoridades, Mathilde no sabía nada del tesoro guardado. Era lo único que tenía Vincenzo para retenerla. Es diciente por el contrario, en la misma declaración, la alusión al baúl que escondía la obra y la advertencia a su prometido que cuando se casaran ella no iba a aceptar algo tan aparatoso en su hogar. En otros términos, “la Gioconda o yo”. La realidad de esa madona tan valiosa pero ilíquida le habría dado el golpe de gracia al romance y habría precipitado la decisión de retornar a sus lugares de origen.