sábado, 5 de abril de 2014

La lucha por el aborto en Portugal

A principios del 2002 en Maia, pequeña ciudad cerca de Oporto, 43 personas fueron denunciadas por aborto y se inició un proceso judicial contra ellas.

La principal acusada era una partera que desde los años ochenta habría practicado un centenar de abortos. Fue condenada a 8 años de prisión. Entre las 17 mujeres acusadas de interrumpir su embarazo sólo dos confesaron. Para una la pena fue de cuatro meses. Para la otra el caso ya había prescrito. La mujer condenada era una madre soltera y desempleada de 20 años.

Dos años después, en Aveiro, siete mujeres, sus parejos, un médico y otros participantes fueron acusados de aborto ilegal. Como en el caso de Maia, se trataba de personas de escasos recursos económicos. Era usual en esa época que las mujeres que podían pagarse el viaje fueran a España a interrumpir sus embarazos. En pocas semanas todas fueron absueltas por la justicia. La sentencia fue después revocada en segunda instancia, el médico condenado a 44 meses de prisión y tres de las mujeres a seis meses.

En el 2004 el gobierno conservador declara que el barco holandés de Women on Waves (WoW) atenta contra la seguridad y la salud públicas y no lo deja anclar en ningún puerto. En aguas internacionales, en ese barco se practicaban abortos farmacológicos autorizados por la legislción holandesa. En tierra, las mujeres de WoW aconsejaban e informaban.

La ley portuguesa sobre el aborto, vigente desde 1984, se basaba en el sistema de supuestos, similar al de España entre 1985 y 2010 y al de Colombia desde el 2006 pero se aplicaba de manera restrictiva, con base en indicaciones médicas.

Con el proceso de Aveiro se reavivó el debate. Una solicitud  respaldada por 121.000 mil firmas fue presentada al Parlamento para convocar un referendo a favor del sistema de plazos. Por primera vez algunos miembros del partido conservador de gobierno se mostraron a favor de suavizar la ley vigente. El obispo de Oporto declaró que criminalizar el aborto no era una solución al problema, que tocaba mejorar las condiciones de vida de las familias pobres.

En 1998 la adopción del sistema de plazos había sido rechazada en un referendo con el 50% de los votos y una abstención del 68%. Pero en esta oportunidad las perspectivas eran mejores. Los sondeso indicaban que cerca del 80% apoyaba la despenalización.

En Marzo de 2004, Por una estrecha mayoría la Asamblea Nacional rechaza la discusión de un proyecto para adoptar el sistema de plazos y también la propuesta de someter la cuestión a votación popular. 

Un año después, con la victoria de los socialistas, el primer ministro Jose Socrates promete someter al veredicto popular una proposición para adoptar el sistema de plazos. El parlamento aprueba la decisión del referendo. El veredicto de segunda instancia del proceso de Alveiro reaviva el debate. Los sectores pro-aborto (comunistas, sindicatos, movimientos feministas) le piden al parlamento legislar sin someterse al referendo.

En Febrero de 2007, con un 60% de los votos, los portugueses aprueban en un referendo la adopción de un régimen de plazos. Puesto que la participación no alcanzó el 50% el parlamento no está obligado a legislar, pero de todas maneras lo hace y ratifca el abandono del sistema restrictivo. El Tribunal Constitucional confirma la decisión y la ley entra en vigor en Julio del mismo año.

Es sin duda más largo y laborioso, pero definitivamente más sólido cuando los magistrados constitucionales no legislan para casos excepcionales sino que respaldan las decisiones parlamentarias endosadas por el voto popular sobre el derecho de las mujeres a decidir, sin necesidad de intermediarios, si interrumpen su embarazo durante las primeras semanas.