jueves, 9 de octubre de 2014

La paz la pagarán las víctimas del secuestro

El impuesto a la riqueza para financiar la paz recaerá sobre unas 50 mil personas. Las víctimas del secuestro fueron cerca de 40 mil, que muy probablemente conforman el grueso del primer grupo.

Mi visión del conflicto colombiano ha estado desde siempre centrada en el secuestro. Mi doble condición de académico interesado por la violencia desde los años noventa y pequeño comerciante que huyó del país por temor a ser secuestrado determinaron esa obsesión.

Más que los homicidios, lo que por mucho tiempo distinguió a Colombia de todos los países del mundo fueron sus cifras de secuestro.

Desde siempre me dejó atónito la ligereza con la que algunos intelectuales tomaron ese flagelo, y aquí si aplica tan rebuscado término. Como en 1995 en una conferencia sobre la violencia en Colombia en la Universidad de los Andes en la que expuse las cifras de secuestro como distintivas dl conflicto colombiano una abogada penalista me interpeló sorprendida por ese incidente "que sólo afecta a unos pocos oligarcas". No lo hizo explícito, pero seguramente estaba pensando que con el secuestro se estaba haciendo algo de la necesaria redistribución de la riqueza.

A finales de los años noventa las conversaciones con cualquier amigo o familiar que tuviera una casa de campo en los alrededores de Bogotá giraban inevitablemente en torno a si allá todavía se podía ir o ya no. Si la casa de campo era también una finca productiva la discusión obviamente derivaba hacia lo que se podría hacer ante la amenaza. Así, me tocó asistir a una reunión

Los marxistas, mucho más interesados por la historia del conflicto que los ganaderos y agricultores, acabaron apropiándosela, y la acomodaron a su doctrina: el paramilitarismo no surgió como respuesta al secuestro -algo que para mí ha sido siempre transparente- sino como una alianza de los terratenientes con el aparato represivo del Estado para expropiar campesinos, algo que en mi limitado universo de pequeños finqueros sabaneros jamás conocí.

La democratización del secuestro fue lo que eligió a Uribe. La guerra contra el secuestro la ganaron los paramilitares que, hecha la tarea, se dedicaron a otros menesteres más rentables y más acordes con las predicciones marxistas. Por eso la "memoria histórica" está tan centralizada en esa fase, la última, del conflicto armado